Años después, la vida moderna me llevó a la ciudad, al ruido de los carros y al brillo de las pantallas. Mi padre envejeció, y su mundo mágico comenzó a encogerse dentro de una casa pequeña. Sus ojos nublados ya no distinguían el horizonte, pero su lengua seguía afilada narrando batallas imposibles contra el viento, el mar y, por supuesto, el pez. La película sugiere que un hombre se convierte
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